Familia, trabajo y máster: un trío para malabaristas
Familia, trabajo y máster: un trío para malabaristas

Estudiar y trabajar ya es un reto cuando se tienen veinte años, pocas responsabilidades, reservas inagotables de energía y un empleo de poca cualificación que, aunque cansen el cuerpo, permiten mantener la mente despejada.

Veinte años después, la mayoría de nosotros arrastramos algunos kilos más, una hipoteca, las letras de un coche, un puesto de cierta -y a veces mucha- responsabilidad, hijos pequeños, padres ancianos, etc… Todo ello en una etapa en que el cuerpo resiste peor excesos que antes apenas se notaban, como la falta de sueño o una alimentación irregular.

La única manera de añadir un postgrado, un máster o cualquier otro curso serio a esta fórmula es aspirar al máximo equilibrio. Nuestra vida es un taburete que no nos sostendrá si no logramos que las tres patas tengan el mismo tamaño. Para conseguirlo es importante entender algo muy simple: el día tiene 24 horas y una persona solamente puede estar en un sitio cada vez. Es imposible hacerlo todo simultáneamente, pero puedes salir airoso de la prueba si te aseguras de hacer exactamente lo que debes en cada momento. Elegir, elegir y elegir bien: éste va a ser tu mantra durante los próximos meses.

Pacta

Vas a necesitar apoyo y comprensión de tu entorno inmediato. Propón a tu empresa una reducción de jornada y sueldo, flexibilidad horaria o la posibilidad de compensar más adelante las horas que no puedas hacer. Contágiales tu entusiasmo por tu curso o máster: si tienen dos dedos de frente, comprenderán que tu formación también les beneficia. Asegúrate de que tu familia y amigos comprenden lo importante que es este curso para ti , pídeles paciencia y apoyo. Lo necesitarás.

Prioriza

Recuerda la Ley de Pareto: el 20% de tu esfuerzo genera el 80% de tus resultados. Olvídate de llegar a todo y concéntrate en ese 20%. Te asombrará descubrir la poca importancia real de muchas tareas que considerabas imprescindibles.

Simplifica

Muchas tareas pueden agruparse de manera que te lleven menos tiempo. Métodos como el Getting things done de David Allen te pueden ayudar a detectarlas y hacer las cosas por la vía directa, evitando rodeos

Delega

Tus colaboradores son capaces de hacer bien muchas más cosas de las que crees. Deja que asuman responsabilidades: el resultado te asombrará. Y, sobre todo, aprende que las cosas pueden estar razonablemente bien hechas… aunque no estén exactamente como tú las harías.

Llévate a casa el buen hábito de delegar. Reparte el peso de las tareas domésticas entre tu pareja y tus hijos e incluso, si es posible, líbrate temporalmente de ellas. Seguro que entre todos serán capaces de pasear al perro, regar las plantas, poner lavadoras y comprar el pan sin tu ayuda durante una temporada. Recuerda: no hace falta que todo esté perfecto, basta con que la casa sea habitable.

Recorta

Elimina todo lo superfluo. Tira o guarda en un altillo la ropa que no te pones, los electrodomésticos que no usas y cualquier otro cacharro de utilidad dudosa. Deshazte de compromisos como tareas voluntarias, riego de plantas del vecino, grupos de padres y madres, comités organizadores, presidencias de escalera, etc… No hay nada de malo en el trabajo voluntario, pero debes explicar a todo el mundo que en este momento no puedes llevarlo a cabo. Si es preciso, comprométete a volver el año que viene.

Invierte

Considera seriamente la posibilidad de gastar más dinero en cosas que te ahorren trabajo y quebraderos de cabeza. Un contable, un canguro, una mujer de la limpieza o una simple bolsa de ensalada preparada son capaces de ahorrarte mucho tiempo y estrés. No todas las economías permiten estos lujos, es cierto. Pero antes de descartarlos definitivamente, echa una ojeada a tus cuentas y detecta si estás gastando dinero inútil por otro lado. Vale la pena pagar menos restaurantes o comprar ropa más barata a cambio de que alguien te haga el trabajo sucio. Al menos, durante los meses en que necesites concentrarte en estudiar. Incluso es recomendable presupuestar estos gastos e incluirlos mentalmente en el coste del postgrado.

Blinda tu espacio

Que trabajes en casa o curses un máster online no significa que estés accesible para todo el que quiera encontrarte. Aprende a no coger el teléfono y a decir “no estoy”. Mientras estudias y trabajas, compórtate como si no estuvieras, exactamente igual que si te encontraras físicamente en la oficina o en la universidad. Elige un rincón de la casa para trabajar y exige que nadie te moleste durante tus horas de dedicación, a no ser que la casa se incendie. Si el ordenador es compartido, pacta un horario y pide que se respete a rajatabla.

Un tiempo para cada cosa

Recuerda la canción de Bob Dylan. Hay un tiempo para todo. No leas emails ni atiendas llamadas de trabajo, por urgentes que sean, en las horas de estudio. Ni pierdas tiempo de trabajo repasando apuntes o consultando el foro del campus virtual. Cuanto más planificadas y separadas estén tus tareas, más rendirás.

Planifica tu ocio

No olvides los consejos que te hemos dado en el “manual de supervivencia”: descansar y divertirte, aunque sea en pequeñas dosis, es fundamental. No solo para tu salud y bienestar personal, sino también para tu rendimiento, tanto profesional como académico. Tu familia, tu pareja y tus amigos te necesitan, y tú a ellos.

Eso sí, anuncia de antemano cuáles son tus horas libres y a quién las vas a dedicar. Aquí también vale el lema “un tiempo para cada cosa”. Si no lo haces, te sentirás culpable mientras estudias porque no estás con tus hijos, y también cuando estés con tus hijos por no estar estudiando. Si caes en ese círculo vicioso, no podrás disfrutar de ninguna de las dos cosas. Aprende a concentrarte en una sola actividad cada vez.

Fuente: Familia, trabajo y máster: un trío para malabaristas

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